El sistema financiero de México presenta una aparente paradoja: por un lado, ostenta estabilidad macroeconómica y bancaria, con disciplina regulatoria estricta; pero, por otro lado, exhibe niveles históricamente bajos de crédito e inclusión financiera. Tras la crisis financiera de 1995, la banca fortaleció su capital y redujo la morosidad en un entorno macroeconómico más disciplinado. Sin embargo, la penetración del crédito y la inclusión avanzan lentamente frente a referentes regionales e internacionales.
En México, el crédito bancario al sector privado respecto del Producto Interno Bruto (PIB) equivale a apenas alrededor del 31%, muy por debajo del promedio latinoamericano (el cual se ubica en el 53%) y de economías comparables como Brasil o Chile (que superan el 50% y el 80%, respectivamente).[1] México sale peor librado si se compara con economías miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) como España, Reino Unido o Estados Unidos, las cuales superan el 100% en esta misma relación.[2]
Adicionalmente, los datos de 2023 confirman que México sigue rezagado frente a la región y la OCDE en capitalización bursátil e inclusión financiera, aunque la rentabilidad de los bancos y los márgenes de intermediación se mantienen altos. Este contraste revela un desequilibrio: la estabilidad se ha privilegiado sobre la competencia y la expansión del crédito. La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024 confirma brechas de acceso y uso por sexo, región y nivel de ingreso, a pesar de la expansión de canales (sucursales, cajeros, corresponsales) y productos digitales.[3] La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) muestra que, posterior a la pandemia del Covid, y en un entorno de tasas altas, los bancos preservaron resiliencia de capital y liquidez, sin un despegue equivalente en crédito productivo.[4]
En resumen, la regulación prudencial ha cumplido con reducir riesgos sistémicos, pero también ha configurado un modelo de excesiva precaución regulatoria. Esto limita la competencia, la entrada de nuevos jugadores y la capacidad del sistema para canalizar crédito hacia empresas y hogares.
Esta excesiva precaución regulatoria puede trazarse como paralelo a la ortodoxia que dominó durante décadas la política laboral en México: la renuencia a incrementar los salarios mínimos por temor a desatar inflación o desempleo formal. Al igual que en el sistema financiero, la prudencia evitó riesgos en el corto plazo, pero también limitó las oportunidades de inclusión, productividad y crecimiento en el largo plazo.
Falta de competencia y excesiva rentabilidad
Este modelo de estabilidad con poca inclusión no solo limita el crédito, sino que también distorsiona la competencia y amplifica la rentabilidad del sistema. La excesiva prudencia regulatoria impone barreras de entrada a nuevos participantes, reduce la aparición de proveedores alternativos y perpetúa posiciones dominantes de unos cuantos bancos. Lo anterior contribuye a la falta de competencia que se observa en el mercado, lo cual redunda en el exceso de beneficios que caracterizan a los bancos mexicanos (altos márgenes de intermediación), que viene acompasado de la baja calidad en los servicios que ofrecen (baja inclusión).
A pesar de la existencia de múltiples instituciones financieras, el mercado está dominado por un pequeño número de grandes bancos que controlan una parte significativa de los activos financieros del país. Esta concentración de poder limita la competencia y reduce las opciones disponibles para los consumidores.
La consecuencia es clara: tasas de interés más altas, baja inclusión y utilidades récord para los bancos. En 2023, las utilidades netas de la banca superaron los 273 mil millones de pesos, un crecimiento cercano al 15% anual.[5] De hecho, los márgenes financieros (spread entre tasa activa y pasiva) se ubican entre los más altos de la OCDE y América Latina.[6] En cuanto a inclusión financiera, a pesar de los esfuerzos realizados para ampliar el acceso a los servicios financieros, una parte significativa de la población mexicana sigue sin tener acceso a servicios bancarios básicos. Según la ENIF 2024, solo el 56% de los adultos en México reportan tener una cuenta bancaria, en comparación con más del 80% en el promedio de la OCDE. La inclusión financiera es esencial para el desarrollo económico, ya que permite a las personas ahorrar, invertir y acceder a crédito, lo que a su vez puede impulsar el crecimiento económico.
Así, la paradoja se profundiza: el sistema financiero es poco incluyente, pero muy rentable. Factores como tasas de interés altas, una base cautiva de clientes y comisiones crecientes explican esta dinámica. Si bien la digitalización y el auge de las Fintech han reducido costos y mejorado la eficiencia, estos beneficios no se han traducido en mayor acceso al crédito para las pymes y hogares mexicanos. En general, la relación crédito/PIB de México permanece estancada en niveles bajos, e incluso al incluir financiamiento total (público y privado) apenas ronda el 82% del PIB, comparado con un promedio de 245% a nivel internacional.[7]
Conclusión
El sector financiero mexicano se encuentra en una encrucijada. A pesar de su rentabilidad y de los avances tecnológicos, las fallas de mercado persisten y limitan su potencial de crecimiento. La lección es clara: estabilidad y competencia no deberían ser objetivos excluyentes. Un marco regulatorio más balanceado —basado en riesgos diferenciados, no en la precaución generalizada— podría abrir espacio para más jugadores, mayor inclusión financiera y un crédito más barato y abundante para las empresas y hogares. Sólo así el sistema financiero mexicano dejará de ser un freno y podrá convertirse en un motor del desarrollo económico.
Es esencial que se implementen políticas y modificaciones a la regulación que fomenten la competencia y la inclusión financiera para garantizar que todos los mexicanos puedan beneficiarse de los servicios financieros. La pregunta ya no es si México puede mantener la estabilidad, sino cómo convertirla en inclusión y crédito productivo. Ese es el verdadero reto de la próxima década.
[1] CONAPRED (2020) ¿Quién tiene acceso al crédito en México? Ciudad de México: Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (SINDIS).
[2] OCDE (2023). OECD Banking Statistics 2023.
[3] INEGI & CNBV (2025). ENIF 2024: Resultados.
[4] CNBV (2024). Boletines estadísticos de banca múltiple y Panorama del Sistema Financiero 2024.
[5] La Jornada: Ganancias récord de la banca: 273 mil millones de pesos en 2023. https://www.jornada.com.mx/2024/04/08/economia/020n1eco
[6] World Bank (2025). Global Financial Development Database (GFDD): Interest rate spread (lending rate minus deposit rate, %). OCDE (2023). OECD Banking Statistics 2023.
[7] Grupo Milenio: Crédito en México es bajo en comparación con el resto del mundo.
https://www.milenio.com/negocios/credito-en-mexico-es-bajo-en-comparacion-con-el-resto-del-mundo

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